Siempre en mi corazón y en mi alma

Este viernes 12 de agosto hace veinticinco años que mi hijo pequeño y yo nos pusimos a trabajar juntos, durante “un ratito corto, que duró su entrada” para acceder a este mundo con mi ayuda .
No sé, como explicaros lo que se siente, al traer a un hijo al mundo, o si lograré comunicarlo.
Para mí, fue algo único, absolutamente indescriptible traer al mundo a mis dos hijos.
Es, como si quisiéramos explicar el porque del Océano, la caricia de las olas; o el porque de la vida.
!No hay palabras!.
Nunca entenderé, como hay mujeres que abandonan a sus hijos, en plena calle nada más nacer, dejándolos de cualquier manera , en cualquier lugar o directamente matándolos nada más nacer.
Si no se quieren tener hay medios para evitarlo, pero es de una crueldad aterradora matar un ser indefenso y más, si es su propia madre quién lo hace.
Ser madre , no es solo dar a luz , es serlo con vocación, que nadie nos enseño a serlo, pero nace por instinto.
Instinto y amor, del que algunas mujeres carecen
Son tan indefensos sin nosotras, tan frágiles!.
El sentimiento inmenso de felicidad en el momento de cogerle en los brazos, a la personita que ya estuvo durante nueve meses en mi vientre y que es un trocito de mi ser.
Ya nada volverá a ser lo mismo desde el mismo instante que va creciendo dentro de ti y luego, cuando llega al mundo y lo pude apretar con todo el amor y la dulzura entre mis brazos, se me olvidaron las náuseas continúas, durante todo el embarazo y el dolor de parir.
La vida es un milagro de amor, que se queda grabada a fuego en mí retina y en mí mente, al ver su carita, sus ojitos cerrados aún por su recién estrenada entrada a este mundo plagado de luz , por todos lados.
Es una emoción que no se pierde con el paso del tiempo, que no envejece nunca, el orgullo, que se siente en el fondo del pecho cuando se mira a un hijo al fondo de los ojos, da igual que sea un bebé indefenso o un mocetón de 1’90 que cumplió, sus veinticinco años.
Este mocetón que todos los sábados de madrugada, regresa a casa dejándome una flor en la mesa de mi habitación, para que la encuentre al despertar en la mañana. 🙂
El que me aconseja como un padrecito a veces, y el que me regaña otras:) Éste es mi hijo!
Fue para mí, un privilegio acompañarles en su entrada a la vida.
Que Dios ( Que espero no se despiste, porque no se lo perdonaría) Los colme de bendiciones y fuerza para vivir con amor y respeto hacía los demás.
A este seres que son mis hijos , llenos de dulzura y cariño lo quieros con todas mis entrañas.
Merecen toda la felicidad y toda la suerte del mundo, no porque sean mis hijos , que también:). Sino porque son buenos y con un corazón muy bello.
Todos los abrazos de la vida para ellos y todos los besos que una madre nunca escatima y siempre le parecen pocos.:))

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