Los silencios.

Benedetti, decía:
“Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”
Y hoy reflexionando sobre el silencio.
Esos, los míos; que últimamente prolongo tanto y que a veces llevan nombre, de arrecifes de palabras que se mueven e hilan entre si, que lían con exclamaciones, comas, interrogaciones y esos puntos suspensivos, que a todos nos producen curiosidad y nos hace pensar…
Que esconden los puntos? Nunca os ha pasado? El preguntaros, que querrá decir, en lo que deja a imaginar. 🙂
En ellos, se esconden los silencios.
Olas como puntos de palabras que todavía no se atreven a besar la arena del arrecife, donde las palabras, descargan sus ganas de expresar, los sentires, la ternura, los mimos, los cuidados, la ternura… Suspensivos de nuevo 🙂
Hay silencios amorosos y envueltos de sensualidad.
Hay silencios cabreados.
Hay silencios de biblioteca. 🙂
Hay silencios que producen vértigo.
Hay silencios achuchados.
Hay silencios reflexivos.
Hay silencios telepáticos.
Hay silencios de clínica de recuperación.
Hay silencios con los que te encuentras de repente.
Y Otros, a los que te abrazas y unes.
Mis silencios a veces, muchas, se nutren de ecos y me doy cuenta de que lo único que quieren, como los de todos, supongo, es que los escuchen. Luego se convierten en conversación en mi cabeza. Los observo, los reprendo, los estrujo, los contemplo.
Laten , me tientan y provocan, son pensamiento y puerta a veces, de algo diferente; algo, que no fue y pudiera haber sido bonito, como se describen las emociones extraídas desde lo profundo de un alma que quiere elevarse y expresarse a través de sus latidos, para ser abiertos en palabra.
Me gustan los silencios, excepto cuando se usan como castigo.
Disfruto especialmente de esos momentos en los que no hay que decir nada, en los que sobran las palabras, porque nos sentimos tan a gusto que la expresión de los cuerpos hablan por las palabras.
Marcel Marceau decía que: “El silencio no tiene límites para mí los límites los pone la palabra”
Que a veces se azora y no se atreve a desnudarse del todo. Tenemos la mala costumbre de dejar todo para después, sin darnos cuenta que ese después, puede ser demasiado tarde.
Los silencios de la palabra no duermen, sólo esperan desplegarse y ser acariciadas por la imaginación derramándose novatas algunas, pícaras otras, hasta volverlas indetenibles.
Y tú, que me cuentas tú, de tus silencios? 🙂

PD: Me gustan los amigos que respetan tiempo, silencio y espacio.

después

 

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