Día de lluvia y café.

En las largas tardes de invierno no hay mejor momento para escribir que cuando llueve, escribiendo frente a una pantalla, al calor del hogar.
O leyendo un libro, mientras la lluvia patalea los cristales, y el café en la taza, dispersa el humo en nubes.
Los sueños en espera… Cada cual, con su piel y sus maneras.
El concierto de lluvia, con sus intervalos de viento, siguen dibujando estrofas de gotas, salpicando el cristal. Música sin letra, con argumento de temporal.
Hemos tenido muchos y de todo tipo ultimamente.
No creéis?
Que soñar, sobre mi nube de café?
Tanta soledad, tan escasa magia,
que acompase la vida en rutina.
Únicamente, la monotonía de los días de mascarilla tienen cabida.
Mis deseos son, un hervidero de: “Basta ya”
Mi mente, una enredadera de interrogantes, que agitan las brasas del cansancio y la rutina de los días .
Nada cambia…
Grita, el cansancio del tiempo.
Que gotea la morriña del que calla, mientras se resigna y resiste, con la boca chica, y el ánimo estalla de melancolía, y nostalgia del ayer…
De los tiempos de otros tiempos , donde la libertad de movernos, no la teníamos condicionada, ni perimetrada. Benditos tiempos aquellos!
Miles de personas en duelo.
Que no se permiten expresar, su dolor oculto tras su mascarilla y entre paredes.
Combatientes en solitario de su día a día. Procesos, tiempos y maneras
En un mundo confuso, donde tratamos de dar normalidad a lo que nos condiciona la vida.
Alguna vez, os imaginasteis, que nos podrían condicionar la vida de esta forma? Yo tampoco.
Estamos agotados, tristes, sin atisbo de salida aún.
Si nos quitan los sueños, no es vida. Si nos quitan el trabajo, el pan, las ilusiones, la vida, no tiene sentido.
Si la vida, nos la encapsulan, de qué sirve la vida.
Sino morimos de Covid, quizás lo hagamos de hambre.
La pandemia nos ha cambiado la vida condicionándola por una forma de vida específica, que, además, se plantea como totalitaria en muchos casos.
Sin duda, algo falla desde un principio y ha contribuido a tanto silencioso dolor humano.
La Pandemia nos tiene haciendo puenting, en zona de peligro constante, con tempestades sanitarias y políticas y sin poder asirnos a ninguna cuerda, para poder sentirnos seguros y liberad@s.
Estamos a la deriva!
En barco sin capitán , ni timón que lo guie.
El tiempo pasa, el café se enfría .
Y mientras tanto… La lluvia

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